Otra de esas noches en tren sin dormir mucho, pero no importa: el cuerpo al final se acaba adaptando a lo que le echen. Tuvimos que hacer cambio nocturno en otra de esas estaciones fantasmas ("estación de la muerte 2"). Cuando quedaba poco para llegar a Zagreb y estábamos en fase REM del sueño cómodamente estiradas en nuestra cabina, nos invade un grupo de 4 mujeres que no te dicen ni hola. Hala, a levantar el chiringuito y a blasfemar en español (que nadie se entera), que se acabó la fiesta.
Después de un desayuno exprés en el mismo andén de la estación, nos disponemos a visitar la ciudad, aunque el cansancio (más bien moral que físico) ya no da tregua para mucho y nos lo tomamos con calma. Quince días absorbiendo información y llenando tu cerebro de imágenes, datos y experiencias puede llegar a saturar.
Zagreb es bastante moderna para lo que esperábamos. Una ciudad limpia, europeizada, con tranvías modernos y extensa. Aunque la verdad que tampoco tiene mucho más que ofrecer aparte de su catedral y mercados tradicionales (o como digo, que no dábamos para más). Algo con encanto: que te venden mazorcas de maíz en puestos callejeros ambulantes.
En todo el viaje, hoy es el único día que hemos tenido que improvisar un cambio de planes. Teníamos intención de reservar albergue para esta misma noche ya en Bratislava, pero ya no te dejaban hacerlo para el mismo día. Por otro lado, pretendíamos hacer primero escala en Viena para visitarla, billete que tendríamos que pagar aparte porque no entraba en nuestra zona, pero salía demasiado caro. La única opción era volver a Budapest y desde ahí salir a Bratislava. Pero para nuestra sorpresa no había tren hasta las 6 de la mañana, así que tuvimos que hacer noche allí...Bueno, como no hay mal que por bien no venga, encontramos una habitación muy barata y encima la cena nos salió gratis. No teníamos moneda húngara y no queríamos sacar dinero para sólo unas horas, teníamos que pagar con tarjeta. Pero como el chisme andaba estropeado, al final nos perdonaron la vida. Como ya dije, al final siempre todo acaba cuadrando de una forma u otra...
Y así es como este intenso viaje de 16 días por 6 países llega a su fin, con un buen madrugón a la mañana siguiente para volver a Eslovaquia y de ahí a casita. Probablemente no hayamos andado más en nuestras vidas en un viaje tan acelerado, pero nos ha permitido tener una visión general de esta parte de Europa no tan conocida para, algún día sin duda, volver con más calma.

¡Ains qué chicas!
ResponderEliminarPo sí que os disteis un buen pateo y en poco tiempo, exprimiendo al máximo, olé ahí.