Bueno, hoy hemos empleado la mañana en dar el último paseo por Budapest. El día seguía sin acompañar mucho pero nos hemos podido mover. Hemos visto algunas sinagogas, hemos ido a la Isla Margarita (zona verde gigante en medio del Danubio). A las 17:30 más o menos salía el tren hacia Croacia, unas 12 horas de trayecto directamente a Rijeka, en la costa, ya que decidimos dejar Zagreb, la capital, para más tarde. Así que allí en la estación compramos provisiones en una tiendecita y a prepararnos de nuevo para pasar otra noche en el tren. He de decir que, aunque esta ciudad sea una de las más bonitas de Europa, el destino no quiso que tuviera un buen recuerdo de ella, pues al llegar, me robaron dinero como bienvenida...y al esperar en la estación a que llegara el tren para irnos, se cagó una puta paloma en mi cabeza como despedida. Estas ratas diarréicas del aire se posan en los cables de los andenes y dejan sus regalitos a todas horas. En fin...como dice el dicho: "encima de cornuda, apaleá!".
Tras esta amarga despedida, al fin partimos hacia otro destino desconocido y expectantes a las nuevas anécdotas. En el tren por suerte pudimos conseguir una cabina solo para nosotras, que ya controlábamos todos los truquitos. Como todavía era temprano, aprovechamos para echarnos una siesta por si acaso, porque ya nos conocíamos los tejemanejes de la noche...en los trenes nunca se sabe si vas a dormir o no. Estábamos con un ojo cerrado y con el ojo mirando a través de las cortinas por si venía alguien, como dos fugitivas en busca y captura. En el mismo vagón iba un grupo de mexicanos con los que tuvimos unas horas de entretenimiento y charloteo, hasta que llegamos a Zagreb, donde se separaban nuestros destinos. Ellos iban hacia Split y tenían que cambiar de vagón. Pero uno de los mexicanos, que no tenía que ver con los otros, también iba para Rijeka como nosotras, así que estuvimos juntos durante un rato más hasta que llegó el momento de dormir...¡una noche plácida y agradable por fin!
A primera hora de la mañana llegamos a Rijeka, por fin vistas al mar después de varios días de interior. Desayunamos los tres allí mismo en la estación hasta la despedida de nuestro amigo Miguel, que se quedaba un mes por aquí para hacer un curso. Como hasta las 8 de la tarde no teníamos que coger nuestro ferry, teníamos todo el día por delante para ver esta pequeña ciudad y descansar. Subimos y bajamos varias cuestas, disfrutamos del calor y las vistas desde arriba, pero necesitábamos urgentemente una siesta. Es en estos casos, por ejemplo, cuando la ley de Murphy hace efecto: cuanto más cansado estás y buscas un sitio para echarte, más vueltas tienes que dar. Andamos y andamos, pero no había ni un parque ni tampoco encontrábamos una bajada a la playa (más bien porque era una zona portuaria). Así que tuvimos que andar un poco más lejos para por fin encontrar una calita pequeña, tranquila y apartada del ruido. No había arena, sino cantos, pero es que ya como si había cocodrilos...con el sueño que teníamos no nos hubiéramos enterado de nada. Y la verdad que no se duerme tan mal, las piedras eran incluso relajantes y cómodas. Lo malo es que la sombra se iba mudando poco a poco, así que teníamos que ir moviéndonos también si no queríamos quedarnos como pajaritos.
![]() |
| anochecer desde el ferry |


No hay comentarios:
Publicar un comentario