Ayer, tras el mal trago de Auschwitz, regresamos al hostal de Cracovia para recoger las mochilas, comprar algo de cargamento y directas para la estación. Nuestro próximo destino era Budapest, en Hungría: nuevo país, nuevo ambiente... de nuevo otra noche de tren. Como siempre, hay alguna anécdota que contar de estas noches, a las que ya nos empezábamos a habituar. Para empezar entraron en nuestra cabina unos militares, y nosotras automáticamente sacamos los pasaportes para enseñárselos. Nos miraban con cara rara, diciendo algo en polaco...Al final se dieron media vuelta y se fueron. No, no eran los del control...eran unos pobres que sólo se querían sentar en algún lado. Se nos quedó cara de tontitas, pero al menos sirvió para tener la cabina para nosotras solas. Luego, a lo largo de la noche pasó dos veces la policía, ya que pasábamos por dos fronteras esa noche, la eslovaca y la húngara. Pero aún así, dormimos bien esa noche.
Lo peor ya vino por la mañana...ya era de día, quedaba muy poco para llegar a Budapest, y yo dormida como un tronco. Cuando me despierto, me veo la mochila pequeña abierta, y cuando miro, me habían robado dinero de la cartera. El desgraciado que fuera tuvo que aprovechar el momento en que Carmen se fue al baño para entrar...menos mal que al fin y al cabo sólo se llevó dinero, que tampoco es que fuera mucho (creo que uno 20 euros y el resto unos pocos de zlotys polacos); podía haberme dejado sin tarjeta de crédito o sin pasaporte, así que dentro de lo malo...(si llego a pillarlo con las manos en la masa, se iba a acordar del manotazo que le hubiese endiñado). Con este percance ya empecé mal la mañana, pero a medida que iba avanzando el día, y teniendo que ver Budapest en poco más de un día, se me fue olvidando. Nos pilló el día lluvioso, así que compramos un paraguas en la estación de tren, fuimos a soltar las mochilas en el albergue (Caterina Hostel- en el centro, desayuno incluido, aceptable) y a patear la ciudad. Fuimos primero a la parte antigua, Buda, y donde está lo más interesante. Para subir a la colina hay una especie de tranvía, pero creo que es más interesante subir a pie por las escaleritas y los caminos que hay entre árboles. Desde allí arriba se tiene una vista panorámica de toda la ciudad, y el Castillo y el Bastión no tiene desperdicio. Después de un buen rato por allí, bajamos hacia Pest, la zona más moderna, pero el tiempo no dio mucha tregua y empezó a llover otra vez. Nos pegamos un buen rato dando vueltas intentando encontrar un restaurante inexistente, con los pantalones calados de agua...pero al final dimos con uno bastante apañado (sopita húngara, tomates rellenos de arroz...). Y luego ya para el albergue, que cuando llegamos había un grupo de americanos en nuestra habitación con una buena cogorza de vodka...pero por suerte se fueron por ahí a seguir la fiesta.
Por cierto, a modo de curiosidad, nadie revisa los tickets del bus...Ahí lo dejo.



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