Foto: Puente de Carlos, Praga (República Checa)

Día 1: Sevilla-Milán; Milán-Bratislava

¡Ea! Pues aquí empieza lo interesante, una calurosa mañana de 22 de junio de 2006. La cuestión después de haber decidido la zona donde íbamos a ir y todo eso era...¿cómo llegar allí? Desde Sevilla, donde vivimos, no había ningún vuelo directo a ninguna ciudad de la zona D. O bueno sí, como haberlos, haylos...pero por esas fechas, atrévete tú a reservar uno vuelo con alguna compañía de las caritas. Total, que al final dimos con la opción más económica, que era haciendo escala en Milán y allí coger un vuelo a Bratislava, Eslovaquia. Menos mal que no hubo retrasos porque había muy poco tiempo entre vuelo y vuelo, así que por ahora, la cosa empezaba bien.

Llegamos por fin a Bratislava, a eso de las 6 de la tarde, que nos encontramos con un sorprendente calor (a lo largo del todo viaje además) que no nos esperábamos. Ahora allí una vez plantadas era cuando empezaba la aventura de moverse para saber cómo llegar al centro. Fuimos donde estaban los autobuses y ya tuvimos el primer problema...¿dónde se saca el ticket del bus? Pues no, en el mismo autobús no, ni en ninguna taquilla. Resulta que en unas maquinitas que hay fuera, donde tienes que marcar el tiempo de recorrido, ya que el precio es diferente según donde vayas. Pero al final le cogimos el truco y solucionado.


Llegamos ya a zona céntrica y con las indicaciones que teníamos nos fuimos a buscar el albergue. Nos alojamos en Patio Hostel (la calle y el precio ya no me acuerdo), que al principio dijimos: "¿Pero esto qué eeees?". Se entraba como en una especie de patio y había un conjunto ahí de edificios todos desconchados que parecían de la guerra. Ni un alma... ¡Qué listos son!esas fotos nos las ponen en internet, no saben ná los jodíos... Pero bueno, que no cunda el pánico porque cuando entramos, por dentro estaba reformado y nuevo, y no había fantasmas ni cuerpos decapitados ni nada raro...¡había gente normal! Y la habitación estaba muy bien, un cuarto con 4 camas. Total, si sólo lo queríamos para dormir...
 


Así que bueno, como ya era más bien tardecito, decidimos ir a cenar ya porque estábamos caninas de hambre, pero antes queríamos llamar a casa y descubrimos algo frustante: ¡no hay cabinas de teléfono! Dando vueltas y vueltas y ni un sitio con teléfono público. Internet todo lo que tú quieras, pero cabinas... En fin, no importa porque como último remedio (del caro) teníamos el móvil. Después de esta pequeña incidencia por fin fuimos a papear: ¡spaguettis mismo! que el hambre ya no daba mucha tregua para ir por ahí buscando gastronomía local. Y después del pedazo plato que nos metimos entre pecho y espalda...¡a sobarla! que mañana empezaba el trote de verdad.
 

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