Foto: Puente de Carlos, Praga (República Checa)

Día 8: El mundo subterráneo de Cracovia

La noche la hemos pasado otra vez en el tren...y como era de suponer, no hemos dormido nada. Pero vamos, que ni una mijita...noche en vela. Como siempre, entramos en el tren y fuimos directas a la primera cabina que vimos, echamos las cortinas y nos estiramos bien para ocupar todo, haciéndonos las dormidas si alguien pasaba para que no entraran. No funcionó...al rato de estar acomodadas entraron dos mujeres y tuvimos que levantar todo el chiringuito e incorporarnos para hacerles sitio. El tren seguramente iría lleno y todo el mundo tiene derecho a tener un asiento, pero el cansancio transforma el carácter del ser humano y yo creo que aquella cara de perro rabioso con ojos inyectados en sangre que pusimos les hizo irse a otro lado al poco rato. Esto no es egoísmo, es la ley de la supervivencia. Con carita de satisfacción y triunfo, nos volvimos a acomodar en nuestra "suite", con la esperanza de que no volverían a molestarnos. Pero esta vez la suerte pareció habernos hecho una peineta y al rato se colaron tres polacos en la cabina y allí se quedaron hasta que llegamos a Cracovia. Al principio nos lo tomamos con un poco de humor (qué remedio), los polacos al menos eran simpáticos y nos daban conversación...pero cuando ya se te cae la cabeza de sueño, y ellos siguen rajando y rajando, y tú intentando dormir ya con la postura que sea y no hay manera...Esa sensación de mala leche que entra por el cuerpo y de desesperación a la vez, no se la deseo ni al peor de mis enemigos.
 
Catedral de Wawel
 
baile tradicional polaco
 
Llegamos a nuestro destino, salimos de la estación con las caras de zombie y vamos a buscar el albergue que teníamos reservado, Orange Hostel, cerca de la estación y del centro y bastante decente. Es lo más parecido a estar en una casa, fue uno de los que más nos gustó del viaje. Lo malo que cuando llegamos nos dijeron que hasta las 2 de la tarde no podíamos registrarnos, así que soltamos las mochilas allí y nos fuimos a dar una vuelta para aprovechar el tiempo. Pero ya no podíamos con nuestra alma y cuando llegó la hora, nos fuimos para el albergue y allí nos echamos una siesta a la española, pero de 4 horas. Pero ello no nos quitó tiempo para poder ver bien la ciudad, que a mi gusto está mejor que Varsovia. Es una ciudad joven, plagada de universitarios. Visitamos todo lo que pudimos y por la noche nos fuimos a conocer los famosos bares y discotecas subterráneos de Cracovia. Una forma bastante original de aprovechar el terreno y de entretenimiento. Hay garitos para todo tipo de música, desde heavy hasta reggae, pop...Lo mejor es ir haciendo un tour de bar en bar para ir contemplando los distintos ambientes. Pero no estábamos ya para muchos trotes y nuestras mentes estaban más pensando en aquella camita que nos esperaba en el albergue que en seguir la juerga. Al menos disfrutamos durante un buen rato de una noche cracoviana y del buen ambiente de la Plaza del Mercado.


Plaza del Mercado
típicos bares subterráneos

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