Foto: Puente de Carlos, Praga (República Checa)

Día 5: Český Krumlov, el valle renacentista

Hoy nos levantamos tempranito para ir hacia otros de los lugares que uno no puede perderse. Otro rincón bohemio protegido por la Unesco y que nos transporta hacia otras épocas: Český Krumlov (unas 3 horas desde Praga). Este encantador pueblecito está rodeado por el río Vltava, en el que abunda la gente bañándose o las piraguas. Parece sacado de un cuento, destaca por su colorido y una mezcla renacentista y barroca única. Para llegar aquí hay que hacer una bajada bastante empinada (una gozada para bajar, insufrible para subir). Es una pena que no pilláramos el festival que se hace aquí en verano, "La rosa de los cinco pétalos", que por lo visto es bastante famoso y el pueblo se ambienta mucho. Subir a la torre es barato y las vistas ya os podéis imaginar. Nos quedamos a comer por allí, probamos el famoso Goulash (riquísimo) y luego de vuelta a Praga (después de sobrevivir la subida por la cuesta).
 



Dimos un último paseo por Praga para despedirnos de ella (lástima que nos faltaron cosas por ver, pero bueno, Praga no se va a mover de sitio, algún día volveremos). Esta noche tocaba pasarla en el tren, ya que nuestro próximo destino era Varsovia, a unas 9 horas.
 
Bueno, he de advertir que las primeras noches en tren pueden ser desquiciantes...primero hay que asegurarse de que te subes en el vagón correcto, porque en alguna estación se separan y si te equivocas...ya la has liao. Yo intentaba comunicarme con una revisora polaca, diciéndole que iba a Varsovia. La mujer, que tenía mala leche para repartir, no me entendía, hasta que finalmente me gritó "Vorshava!", y señalándome con la mano el vagón hacia donde tenía que ir. Por deducción, supuse que esa era la pronunciación de Warszawa (Varsovia en polaco). Sabiendo esto, os ahorraréis quebraderos de cabeza si estáis en nuestra misma situación...Bueno, segunda cosa: tener suerte para encontrar una cabina que no haya nadie y cada una pueda dormir estirada tranquilamente en un sofá, con la puerta cerrada y las cortinas echadas (esto si no quieres pagar suplemento por cama, que no siempre hay). Normalmente suele haber suerte... pero no siempre...Otra cosa a tener en cuenta: los revisores del tren tienen un detector para saber cuando estás ya agustito durmiendo para ir a pedirte el billete del tren. Así que no te acomodes mucho...y menos todavía cuando hay que pasar una frontera. Sí, porque cuando por fin te crees que ya puedes seguir durmiendo cuando ya se ha ido el revisor, al llegar a la frontera con otro país viene el amigo policía(s) a pedir pasaportes (te abren la puerta y te encienden la luz de la cabina bruscamente). Pero en fin, que cuando ya se llevan más días acumulando cansancio y sin dormir mucho, uno acaba quedándose frito donde sea.
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario